martes, 24 de marzo de 2009

Trabajo Nocturno


— ¡Apresúrate! ¡No tenemos toda la noche!
El imperativo susurrado flotó un segundo en el aire y despabiló a Andrew, que se había distraído por el hedor de la tumba abierta.
El negro pozo se abría ante ellos, como las fauces de un demonio esperando ser alimentado, y esa imagen lo perturbó, si es que alguien que acaba de profanar una sepultura puede sentirse aún más perturbado. Andrew se admiraba de la entereza de ánimo de Charles, pero sospechaba que debajo de toda esa seguridad había un torrente de miedo que amenazaba con arrastrarlos a los dos, y le agradeció mentalmente por disimularlo.
No era una buena época. En otro momento se habría horrorizado de sólo pensar que podía hallarse en esa situación. Pero la crisis de posguerra golpeaba con su mazo las vidas de todos. No había trabajo, y los jóvenes emigraban a otras tierras. Las preocupaciones cotidianas habían ido difuminándose hasta quedar sólo la gran cuestión de no saber si se iba a poder comer algo mañana. Y en esas circunstancias, aceptaron el ofrecimiento del estudiante de proveerle su “material de estudio”.
Charles ya había hecho saltar la tapa del ataúd con un golpe seco del filo de la pala. A la luz de la luna pudieron observar el cadáver, y la extraña sensación de paz en su enjuto rostro. Un instante después lo sacaron como pudieron y lo metieron en un costal. Era una tarea repugnante, pero el joven había prometido una buena suma y no era una oportunidad que se pudiera dejar pasar. Lo cargaron en la carreta y, luego de rellenar la tumba y dejarla lo más natural posible, se tomaron un segundo para descansar. Andrew podía sentir una agudeza inusual en todos sus sentidos. Los sonidos de la noche, el ulular de los búhos en la arboleda cercana, la aspereza de la madera de la carreta, mil sensaciones difíciles de explicar que lo apabullaban.
— ¿Qué te ocurre? —preguntó Charles.
—Nada, es sólo que me pregunto si estamos haciendo lo correcto.
—Pues el tipo no se quejó—, dijo Charles y se rió con una risa cansada—. No podemos dar marcha atrás ahora. Recuerda que tenemos que llevarle otro más para que nos pague. Esta noche ya no tenemos tiempo, así que mañana volveremos.
Andrew asintió, cada vez más convencido de que algo estaba mal. Se subieron a la carreta y se alejaron dando tumbos por el camino.

Justin se sentía envuelto en una bruma azulada. No lograba enhebrar los pensamientos, sólo sentía. De pronto se le cruzaba alguna imagen, algún recuerdo perdido. Y luego nada. Se sorprendió meditando sobre esto, y se asombró de poder pensar. No tenía idea de dónde se encontraba, ni se sentía con fuerzas para moverse. De a poco fueron apareciendo en su mente recuerdos más recientes, retazos de conversaciones. Un miedo que no lograba discernir lo acechaba como una bestia agazapada. Recordó a su esposa, sus hijos, las charlas con sus amigos. Y estaba ese terror oculto, no sabía a qué. Palabras sueltas. “Tenga cuidado”, “Esta vez duró demasiado”, “Unas horas más y…”. ¿Qué era eso? Una verdad luchaba por abrirse paso a su adormecida conciencia. Recordaba haber despertado, las caras que lo observaban, las flores, los deudos… ¿Había muerto? No, él se había levantado. Eso era. Era cataléptico, y ahora lo habían sepultado vivo. Podía sentir el olor de la tierra, la humedad, la opresión. Con horror abrió los ojos y halló la oscuridad que lo rodeaba. El pánico irracional lo arrasó y se sacudió, descubriendo que podía sentarse y que las tinieblas habían desaparecido. Y entonces vio que alguien, un desconocido, lo miraba.

Andrew cayó de la carreta, desencajado de terror, y quedó tieso a un costado del camino. Charles estaba paralizado por el miedo, viendo como el cadáver se asomaba del saco y lo observaba con ojos irracionales desde su flaco rostro iluminado por la luz de la luna llena. No podía reaccionar, esto no podía estar pasando. Estuvieron así, mirándose por unos segundos, que parecieron eternos. El supuesto muerto, lo miró de hito en hito, como queriendo saber quién era él, y luego de unos instantes intentó decirle algo, sin que nada coherente saliera de sus labios. La parálisis de Charles se quebró. Tomó lo más cercano que tenía, la pala, y le dio con todas sus fuerzas un golpe en la cabeza. El viejo cayó hacia atrás, se revolvió unos instantes y quedó inmóvil.

Unas horas más tarde, la carreta arribaba al edificio trasero de la escuela de medicina. Charles se apeó y dio tres toques en la pesada puerta de madera. Al cabo de unos segundos, ésta se abrió, y un joven apareció.
— ¿Has podido traerlo?
—Sí. Pero déjame ver el dinero antes—, dijo Charles.
—Está bien, pero recuerda lo que acordamos. Te daría la paga por dos cuerpos.
—Así es, y aquí los tiene—, dijo Charles, levantando la manta que cubría la parte trasera de la carreta, mostrando el ensangrentado cadáver del viejo, y el de Andrew, con el terror aún dibujado en sus ojos sin vida.




© BlackWolf 2009

11 comentarios:

A.M.A. dijo...

Wow, no me esperaba ese final, que terrible suerte la de Andrew. Grandioso relato, ha sido un placer leerte de nuevo, Lobo. Espero poder hacerlo más a menudo.

Saludos y nos seguimos leyendo.

P.S: Sí, estaba un poco impaciente, la verdad. Creo que me hacía falta ese toque único que le das al terror.

Helena dijo...

Mi amor, "olía" lo que iba a suceder con uno de los dos principales protagonistas, pero no por que fuera evidente, para nada, sino que por una conexión que existe entre nuestras mentes enfermas jajajaja...

Brillante mi vida, me encanta ver cómo cada vez más vas soltando ese inmenso TALENTO que tienes.

Excelente!!! qué quieres que te diga??? Tu sabes que a pesar de cierta "subjetividad" mia, que podría suponerse por razones obvias XD, yo te digo cuando algo te queda notable o cuando tiene detallitos, y este está genial, realmente genial. Abominable!

Un beso amor.
Helena

BlackWolf dijo...

Bueno, estaba medio ausente, pero fue más por falta de tiempo que por otra cosa. Y como siempre, venía trabajando en otro cuento y esto se me ocurrió así de repente, ja ja ja...

A.m.a, gracias por el comentario, espero que pueda retomar el ritmo que venía trayendo =P Te debo un montón de comentarios, estoy poniéndome al día con tus historias... Un gran saludo para ti =)

Helena, amor, gracias por tu apreciación, me alegra mucho que te haya gustado el cuentito =) Es verdad, nuestras mentes turbadas están conectadas XD. No se si diría que es talento lo mío, yo lo definiría como una increíble falta de habilidad, bien disimulada ja ja ja...
Te mando un besote, te amo...

Marcelo Carter dijo...

Wow!

Muy, muy bueno, de hecho me atreveria a decir que es uno d elos mejores que he leído en este blog, sin desmerecer a los demás cuentos que jas escrito, pero creo que este está por sobre la media jeje.

Me ha encantado, pues lleva un ritmo ligero y a la vez lleno de suspenso, fácil de leer.

Muy,muy bueno.

Un saludo.

BlackWolf dijo...

Gracias Marcelo!!!
Me alegra que te haya gustado =)
Saludines

Corven Icenail dijo...

Estaba a punto, a punto de prepararme para escribir que iba a ser predecible, pero me matase con eso de Andrew haciendo de bono para la paga.

Genial, mi buen. Huele un poco a relat de ultratumba. Un poco a intro de peli de zombies, y mucho a tí y a tu estilo personal.

BlackWolf dijo...

Gracias Corven!!
Era un poco la idea, la de darle un giro sorpresivo, con un toque de humor negro al final XD
Te mando un abrazo!

A.M.A. dijo...

Remodelaste, me agrada el nuevo estilo del lugar.

Un saludo Lobo. Nos seguimos leyendo.

BlackWolf dijo...

Gracias A.m.a.!
De todas formas no va a ser el diseño definitivo, estoy experimentando =)
Saludos!

Corven Icenail dijo...

Dónde andas desaparecido, mi buen colega Lobo???

A.M.A. dijo...

Desde la negra noche clamamos el regreso del Lobo Negro, ¿qué ritual oscuro debemos realizar para su retorno?

:P

Saludos Lobo, espero verte pronto por aquí.