miércoles, 26 de noviembre de 2008

Noche


La brisa nocturna acaricia mi rostro. Es una leve sensación de frío que contrasta con el calor de la noche. Y estas noches de verano sí que son calurosas. Un suave escalofrío recorre mi espalda y me obliga a detenerme un instante, al tiempo que me desprendo de la carga de un día de trabajo y de las preocupaciones cotidianas para admirar la paz de la calle tranquila.
Sigo adelante, y aspiro los aromas crepusculares. El asfalto caliente, la tierra húmeda, la clorofila, un leve dejo de carne asada en el aire, una multitud de olores se mezclan y producen en mí impresiones encontradas y el inevitable sentimiento del regreso a casa. Un silencio compuesto de innumerables pequeños sonidos como el de los grillos, o el susurro de la brisa en las hojas de los árboles que crecen en la vereda, o el lejano murmullo de una televisión en alguna de las casas, me estremecen. La voz de la noche murmura en mis oídos, y yo me abro a su melancólica poesía. Lo efímero y lo eterno parecen confundirse, y la luna, que me sigue en mi camino, me espía desde lo alto. Una nube solitaria refleja la pálida luz del astro antes de perderse en la negrura del cielo estrellado. ¡Qué pequeño me siento ante tal inmensidad!
Cruzo la esquina, concurrida en las horas diurnas pero que ahora se ve desolada. En momentos como éste gozo plenamente de hallarme solo. Lo bueno de la soledad es que no es necesario compartirla con nadie para disfrutarla. Los recuerdos se agolpan en mi mente. Fragmentos de buenos instantes de mi niñez, rincones oscuros inundados por la remembranza de mis amores adolescentes... Nostalgia de tiempos congelados en la memoria.
Me acerco a mi casa, y el ruido de mis pasos en la acera reverbera en mi alma. La noche me acaricia con su etérea mano, no quiere dejarme ir. Me llama con su voz de sonidos lejanos, de quietud, del croar de las ranas en los charcos... Una pena infinita me abraza, y la certidumbre de que este momento será único, que no se repetirá.
Llego a la puerta de mi hogar. Las rejas negras hacen juego con el cielo. El universo me observa y yo intento resistirme a su clamor. Mi perro me ve llegar y se acerca, moviendo la cola desenfrenado, como si fuera que no me ve en años. Puedo comprenderlo, pues yo siento lo mismo por la noche.
Le dedico una caricia, para retribuir tanto afecto, y me dispongo a entrar. Abro la puerta y, antes de pasar, me vuelvo y aspiro profundamente. Saludo a la luna, a las estrellas, a los grillos, a los aromas que me despiden dulcemente. Saludo con tristeza a la noche, pues hasta mañana no la volveré a ver.






© BlackWolf 2008

8 comentarios:

Marcelo Carter dijo...

waaa!

Un verdadero torbellino de inspiración.Me ha encantado esta "Noche" y todo lo que encierra,realmente es una de las cosas mas brillantes que he leído."tiempos congelados en la memoria",una frase para el oro.

saludos,Blackwolf y muy buen trabajo.

BlackWolf dijo...

Gracias Marcelo! Hay algo en el aire de las noches estivales que me tranquiliza... A menudo me siento en la puerta de mi casa a meditar y respirar esa tranquilidad, sobre todo si no puedo dormir por el calor =P

Marcelo Carter dijo...

xd,vaya... me encantaria hacer lo mismo...U.U

magunchi dijo...

A veces camino por la ciudad de noche y siento lo mismo. tu tienes el don de expresar lo que sientes de una manera agradable y placentera.
Y hasta imaginarme todo lo que dices... es increible!

Gracias por tu visita ;)

exitoss!!
maguiiuiu

BlackWolf dijo...

Gracias Magunchi, justamente quería transmitir esa sensación de tranquilidad que se percibe en las noches de verano... Que me digas que te ha despertado la imaginación creo que debe ser el mejor cumplido =)
Saludines y espero seguir viéndote por aquí n_n

Corven Icenail dijo...

Eso me sucede, allá en los amaneceres de verano, entre la lluvia y el sol que no cesa de salir.

te comprendo, mi poético Lobo Negro...

BlackWolf dijo...

Sabía que lo comprenderias querido Corven, vamos que alguien con sensibilidad no puede dejar de apreciar esos momentos...

Mary Lovecraft dijo...

Bellísima prosa poética querido Lobo...y me sentí tan identificada.

un beso enorme
Mary