
Tenía que funcionar. Esta vez sí. Era la séptima vez que lo intentaba, y sencillamente tenía que funcionar. Había algo de místico en el número siete, por lo que no cabían dudas. Esta vez el maldito recibiría su merecido.
Hizo una pausa para recordar el motivo, el por qué iba a realizar el ritual, la razón por la que iba a intentar matar a alguien utilizando los poderes oscuros. Las imágenes de la traición vinieron a su mente, imborrables, saturando de ira y odio cada partícula de él. Gerard, el falso amigo, el Judas, había clavado ese puñal en su espalda, seguro de su impunidad. En otra época se habría resignado y aceptado su suerte con tristeza. Ya no más. Esta vez él impondría el castigo. Esta vez aquel maldito traidor pagaría.
Arregló el círculo y colocó, con grave parsimonia, las velas negras, formando un pentáculo. Con pausa, se arrodilló en su interior, y comenzó a entonar mentalmente letanías sin sentido, con el único propósito de despojar a su mente de todo, excepto de aquello que lo había impulsado a esto. Luego de un tiempo indefinido, pues ya había perdido toda noción de ubicuidad, y bien podría ser que llevase allí un minuto, una hora o una semana, tomó la brillante daga en una mano y el muñeco en la otra. Le había costado conseguir algo de Gerard. Le había costado controlar su desprecio para acercarse lo suficiente como para robarle una prenda de ropa. No había dudas, no había vacilaciones. Estaba seguro de lo que haría. Después de todo, era la única forma. La amaba demasiado, y ella se había ido con ese infeliz que decía ser su amigo. Pues ahora Gerard moriría, y a ella no le quedaría más opción que regresar con él. Se sentía vacío, desnudo sin ella. Despojado de su voluntad, excepto para esto. Seis veces había realizado el ritual, seis veces había fracasado al dejar que la imagen de ella se interpusiera. Ésta vez saldría perfecto. Recordaba las palabras de consejo que un compañero le dijo alguna vez: “no hagas pactos con demonios, podrías perder más de lo que crees. Son por naturaleza engañosos”. Pero él ya no tenía nada que perder. Su alma ya la había perdido, su amor ya no estaba con él, y no tenía razones para vivir. Con furia hundió la daga en el muñeco y lo clavó en el piso. Luego pronunció las palabras, y, realizándose un corte en la muñeca, vertió gotas de su propia sangre para sellar el pacto. Hecho esto, lo inundó un sentimiento de euforia. Sabía que había funcionado. Gerard debía de estar muerto. Ahora sólo debía esperar que ella volviera.
Lo encontraron tres días después. Ahorcado. Su cuerpo se balanceaba como un macabro péndulo, colgado de una de las vigas del techo. Entre el desorden de papeles se destacaba un diario del día anterior. Estaba abierto en un artículo que rezaba:
“PAREJA MUERE EN ACCIDENTE DE AUTO. Gerard Dupont y su mujer, Debra, perecieron anoche al estrellarse el auto que manejaban contra el muro de una fábrica.”
El resto de la hoja había sido arrancado, y fue hallado extrañamente dentro de la boca del suicida. Tenía garabateadas varias frases, sólo una de ellas legible. “No pactes con demonios”.
Hizo una pausa para recordar el motivo, el por qué iba a realizar el ritual, la razón por la que iba a intentar matar a alguien utilizando los poderes oscuros. Las imágenes de la traición vinieron a su mente, imborrables, saturando de ira y odio cada partícula de él. Gerard, el falso amigo, el Judas, había clavado ese puñal en su espalda, seguro de su impunidad. En otra época se habría resignado y aceptado su suerte con tristeza. Ya no más. Esta vez él impondría el castigo. Esta vez aquel maldito traidor pagaría.
Arregló el círculo y colocó, con grave parsimonia, las velas negras, formando un pentáculo. Con pausa, se arrodilló en su interior, y comenzó a entonar mentalmente letanías sin sentido, con el único propósito de despojar a su mente de todo, excepto de aquello que lo había impulsado a esto. Luego de un tiempo indefinido, pues ya había perdido toda noción de ubicuidad, y bien podría ser que llevase allí un minuto, una hora o una semana, tomó la brillante daga en una mano y el muñeco en la otra. Le había costado conseguir algo de Gerard. Le había costado controlar su desprecio para acercarse lo suficiente como para robarle una prenda de ropa. No había dudas, no había vacilaciones. Estaba seguro de lo que haría. Después de todo, era la única forma. La amaba demasiado, y ella se había ido con ese infeliz que decía ser su amigo. Pues ahora Gerard moriría, y a ella no le quedaría más opción que regresar con él. Se sentía vacío, desnudo sin ella. Despojado de su voluntad, excepto para esto. Seis veces había realizado el ritual, seis veces había fracasado al dejar que la imagen de ella se interpusiera. Ésta vez saldría perfecto. Recordaba las palabras de consejo que un compañero le dijo alguna vez: “no hagas pactos con demonios, podrías perder más de lo que crees. Son por naturaleza engañosos”. Pero él ya no tenía nada que perder. Su alma ya la había perdido, su amor ya no estaba con él, y no tenía razones para vivir. Con furia hundió la daga en el muñeco y lo clavó en el piso. Luego pronunció las palabras, y, realizándose un corte en la muñeca, vertió gotas de su propia sangre para sellar el pacto. Hecho esto, lo inundó un sentimiento de euforia. Sabía que había funcionado. Gerard debía de estar muerto. Ahora sólo debía esperar que ella volviera.
Lo encontraron tres días después. Ahorcado. Su cuerpo se balanceaba como un macabro péndulo, colgado de una de las vigas del techo. Entre el desorden de papeles se destacaba un diario del día anterior. Estaba abierto en un artículo que rezaba:
“PAREJA MUERE EN ACCIDENTE DE AUTO. Gerard Dupont y su mujer, Debra, perecieron anoche al estrellarse el auto que manejaban contra el muro de una fábrica.”
El resto de la hoja había sido arrancado, y fue hallado extrañamente dentro de la boca del suicida. Tenía garabateadas varias frases, sólo una de ellas legible. “No pactes con demonios”.
© BlackWolf 2008
9 comentarios:
O_o
tremendo relato,Blackwolf..con un giro al final de la trama,muy,muy bueno,bastante intrigante por lo demás,toda la narrativa.
PD: este no lo has colgado en el foro :(
Gracias Señor Don Carter!!! =) Excelente que te haya gustado. Es verdad, no lo colgué en el foro, pero porque era medio corto =P
Este sí querido Blackwolf, este sí es todo Poeiano en su esencia.
Lo retorcido del ritual, lo macabro de la escena del suicidio.
Muy bueno, me encantó ;)
espero otro cuento con impaciencia!!
un besote
Gracias Mary! Este cuento salió todo de un tirón, casi sin tener que pensarlo. Algo bastante raro en mí, que casi siempre tengo que arrancar las palabras de mi cabeza con un sacacorchos =P De todas formas, cuando lo terminé me gustó mucho y sobrevivió a la relectura =)
Quería felicitarte por la inclusión de tu espacio al universo bloggeril, mi estimado BlackWolf, camarada MegaFan....
Apenas se me pase la crisi laboral te leo como desquiciado, mi buen!!
Muy muy buen relato.
caramba que te luciste, mi buen Lobo Negro... no te imaginaba realizando cuentos cortos pero ha sido un absoluto deleite leer esto último.
Gracias A.M.A. y amigazo Corven, ya volví de mis breves vacaciones, así que vuelvo a postear con relativa regularidad.
Es verdad, no suelo escribir relatos cortos, pero tal vez esto sea el inicio de una serie, quién sabe, ja ja ja...
De todas formas, me alegra un montón que les haya gustado =)
Sabelo, este es el cuento que mas me llama la atencion no solo por el tema sino tambien por lo bien que esta escrito.
Para mi gusto es un cuento con moraleja y me encanta cuando se observa muy de cerca el instinto primitivo de la gente con sentimientos efimeros pero quizas inmortales como la locura desde las profundidades de un ser que busca escapar ya de la "realidad" de la verdad lo que nos mata de a poco
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